Como su propio nombre indica, el origen de esta raza de perro es Gran Bretaña, y durante el siglo diecisiete era muy común que se celebraran peleas de perros entre estos ejemplares, en los que se hacían apuestas, aunque unos cien años después esta costumbre fue prohibida. Parece ser que el origen del Bulldog inglés está en una raza de perro que se trajo hasta el Reino Unido y posteriormente fue cruzada con otras razas, como el mastín, hasta dar como resultado a este regordete y fuerte espécimen de animal, aunque en un principio la morfología de este era más ligera y un poco más grande, recordando un poco al clásico bóxer más que al rechoncho bulldog. Se cree que esta fue también la raza que se usó para conseguir otros perros como el sabueso o el bull terrier. El nombre de bulldog se debe a la razón por la que este perro se utilizaba como animal de pelea, ya que sobre todo se usaba para hacer correr a los toros, ya que los carniceros creían que la adrenalina que producían estos bóvidos al ser obligados a correr y someterse a una extrema tensión hacía que su carne fuera más tierna y sabrosa.

 

 Esto nos resulta extraño, ya que cuando pensamos en este perro corriendo y peleando contra animales como toros u osos nos imaginamos a estos con la talla que tienen actualmente, pero la raza que se usaba antaño probablemente doblaría en tamaño a los actuales, por lo que saltar y abalanzarse contra estos animales, si bien seguía siendo algo arriesgado, era una labor más sencilla, y si tenemos en cuenta que eran varios los que atacaban a la vez y desde distintos flancos, lo más probable es que acabemos teniendo lástima por el oso, el toro o el león que se enfrentara a ellos. 

En la actualidad nos encontramos con unos parámetros muy específicos que determinan el porte y la forma del bulldog inglés, como el hocico achatado, las patas cortas y una cabeza muy grande en comparación con su cuerpo, todos estos signos que se tienen en cuenta cuando se presentan a concursos, competiciones y exposiciones de esta raza, pero lo cierto es que hasta llegar a este punto la raza de estos perros ha sufrido una innumerable cantidad de cambios y aspectos, encontrando bulldogs con el hocico alargado, la cabeza pequeña o incluso colores que no se nos pasarían por la imaginación cuando hablamos del bulldog, aunque esto no es raro si tenemos en cuenta que lo único que importaba es que el perro corriera y fuera lo suficientemente fuerte como para realizar el trabajo para el que se utilizaba.

 
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